18/06/2026 07:22

Tiago Banega, el joven mayense que debutó con 14 años en Depro y ahora es una promesa de Racing

La historia del entrerriano que en escasos minutos entusiasmó a los hinchas de la Acadé, hizo emocionar a un pueblo entero y alegró a sus ex entrenadores que lo llenan de elogios.

Por Nicolás Sotomayor

Son las 19.40 horas del domingo 26 de enero. El semáforo del pueblo pasa de amarillo a rojo y hay que esperar varios segundos con el vehículo. Casi un minuto. El conductor se atreve a cruzar; aprieta el embriague, coloca primera. Se arrepiente, hace una pausa. Piensa que la infracción implicaría pagar una costosa multa en tiempos de vacas flacas y opta por detenerse a mirar. La esquina es el centro del pueblo, pero también es un camino neurálgico para llegar a Villa Elisa, una localidad urbana entrerriana de unos quince mil habitantes. El propósito del semáforo –como todo semáforo– es regular el tráfico y favorecer la circulación peatonal. Sin embargo, aquel semáforo, que reluce como ningún otro en el paisaje de un lugar, parece cumplir al mismo tiempo una estrategia implícita: forzar una pausa en ese visitante fugaz para que observe las bondades del pueblo desde la intersección de cualquiera de las cuatro calles.
El automovilista observa que las calles están deshabitadas–apenas un perro se relame relajado al costado de una vereda–, pero no percibe un ambiente desolado. Oye un griterío que proviene desde el bar de la esquina –conocido como el Bar de la Gallina–, el relato de una transmisión de fútbol a todo volumen y otras voces que surgen de casas aledañas que, a diferencia de las grandes ciudades, aún pueden mantener puertas y ventanas abiertas con el único riesgo de la entrada de mosquitos. La esquina es de Primero de Mayo, municipio del departamento Uruguay de Entre Ríos, y por esas horas de la tarde los mil y pico de lugareños están con ansias de vivir el debut del gurí de la casa en la máxima categoría del fútbol argentino. Por esas horas de la tarde, el mayense Tiaguito Banega pisa el césped del Cilindro de Avellaneda con la casaca de Racing Club.

Tiago Banega nació en 1999 en Concepción del Uruguay sólo por la ubicación de la Maternidad, pero en realidad es de Primero de Mayo. Es el mayor de los tres hijos varones de Yanina, profesora de Biología, y Hernán, camionero. En su pueblo empezó a divertirse con la pelota (su primer regalo a segundos de nacer) en una escuelita de fútbol. “No hubo algo más que el fútbol en su niñez. Otra cosa no le gustaba, la pelota era todo para él”, dice su madre Yanina, que describe a Tiago como un chico “independiente, responsable, humilde, callado y amiguero”.
Unos años después, el gurí mayense fue a jugar al CAVE (Club Atlético Villa Elisa) debido a que el municipio local le facilitaba el traslado. No duró tanto tiempo. Hasta que apareció en escena Defensores de Pronunciamiento, club de la localidad aledaña del mismo departamento, que contaba con divisiones inferiores y captaba a jóvenes de la región. Nunca dudaron de aquel flaquito Tiago Banega que vislumbraba con su exquisita técnica. Como en DePro jugaban sus tíos, vio con buenos ojos vestir la azulgrana. “El primer entrenamiento no le gustó. No quería ir más… pero después lo convencieron”, agrega risueña la mamá de Tiaguito.
En aquel club comenzó a mostrar esas primeras pinceladas acordes a un futbolista de futuro promisorio. “Se veía la pasta de jugador. Era el diferente del equipo, el que jugaba y hacía jugar a sus compañeros, pero nunca lo ibas a escuchar hablar de más. Siempre mantuvo la humildad”, dice su primer entrenador de las infantiles, el Gato Gandolfo. Como otros que se cruzaron en el camino de Banega, recalca tanto su pasión por la pelota como el comportamiento dentro y fuera de la cancha.
“Él tenía condiciones, pero su familia lo apuntaló. Hoy, está donde está también por el sacrificio de sus padres. Ellos fueron fundamentales para que vaya a la escuela y después vaya a entrenar”, admite Gandolfo. La habitual rutina del joven Tiago era ir a la escuela a la mañana, dirigirse hasta Pronunciamiento para entrenar por la tarde y retornar en horas de la noche a Primero de Mayo. “Siempre que podíamos lo llevábamos y lo esperábamos. Pero muchas veces no tenía en qué ir y hacía dedo. Para esperar a los chicos de las otras categorías, después de su entrenamiento se quedaba pateando solo a un costado”, recuerda otra vez su madre.
Apenas cumplió los 14 años, Tiago Banega dio el salto al plantel superior del DePro que jugaba por el ascenso en el viejo Torneo Argentino C (conocido como Torneo Federal desde el segundo semestre de 2014), y meses más tarde debutó en la competencia (contra Club Bancarios de Gualeguay). Con 15 años jugó el Torneo Federal B (debut ante Colegiales de Concordia). Y en mayo de 2016, aún con 16 años, disputó su primer partido en el Federal A (contra Libertad de Sunchales), la Tercera División del fútbol argentino.En todos aquellos equipos, su entrenador Hernán Orcellet lo ubicó como mediocampista central o como un doble cinco más adelantado.

Tiago Banega no quiso irse a Bariloche para no perder días de entrenamientos y algunos partidos del Federal. Su meta principal era el fútbol. Pero Orcellet, que todavía continúa al frente del Depro, le aconsejó que vaya a disfrutar y forzó la decisión de la joven promesa. “Desde que arrancó a entrenar en Primera con 14 años demostró rápidamente su personalidad. En la cancha tenía una gran lectura del juego y en la toma de decisiones rara vez se equivocaba”, asegura el entrenador que fuese capitán de aquel recordado Lobo entrerriano que estuvo cerca de ascender a Primera División en el 2002.
“Me acuerdo de su debut con 16 años en el Federal A. Fue un 1 a 1 en la cancha de Gimnasia de Concepción del Uruguay. Nosotros estábamos comprometidos con el descenso y él jugó los 90 minutos como en el patio de su casa”, destaca el técnico de Defensores de Pronunciamiento.
En medio de tantos partidos de los torneos del Federal, el joven oriundo de Primero de Mayo sumaba rodaje en la Liga Departamental. Depro se consagró campeón de la competencia en 2016 con Tiago como capitán.

La dejaba chiquita, estaba para las grandes ligas.

El vínculo con Gimnasia y Esgrima La Plata quedó a partir de los traspasos de Yair Bonnín y Horacio Tijanovich, ambos provenientes del Depro. A Tiago Banega lo llevaron a probar la misma suerte, respondió con creces e interesó en los formadores del Lobo, aunque no le daban pensión. “Fue de chiquito, en pleno crecimiento, y físicamente no estaba del todo bien. Pero la calidad técnica les llamaba la atención”, cuenta Yari Gurnel, el presidente del club entrerriano que acompañó a los jóvenes.
En la cantera del Lobo platense estaba Luca Marcogiuseppe, el actual ayudante de campo de Leonardo Madelón en Unión de Santa Fe, que en 2017 asumió a la conducción técnica de la Quinta División de Racing bajo la coordinación general de Alejandro Poroto Russo. El entrenador nacido en Concordia se comunicó con el dirigente del Depro para solicitar por Tiago Banega. “Le dije a Marcogiuseppe que tenía al jugador ideal que necesitaba. Lo convocó a una prueba y quedó”, rememora Yari Gurnel.
“Si bien lo probamos, ya había visto material de él. Hice un seguimiento, entonces era prácticamente una fija que lo íbamos a fichar. Llegaba con edad de Quinta División, pero tenía la experiencia de haber entrenado en un plantel de Primera del Federal”, expresa Marcogiuseppe, y añade: “Observamos características de un jugador rico técnicamente, con un gran despliegue, visión del juego e interesante dinámica. Un jugador muy equilibrado emocionalmente. Fue un gran acierto su fichaje”.

Como si fuese un familiar, Luca Marcogiuseppe da muestras de satisfacción cuando habla de Tiago Banega. Es, acaso, esa misma satisfacción que expone cualquier entrenador del semillero cuando observa la evolución del joven que formó. “Que hoy esté dando sus primeros pasos me llena de orgullo –confiesa el ex entrenador de la categoría 99 de la Academia–. Ya hablé con él y lo felicité. Me llamó gente que estuvo en Racing, como Alejandro Russo, que recuerda cuando lo acerqué a Tiago. Algo que le destaca es que en la pensión tuvo una conducta ejemplar, y eso habla muy bien de él y de su familia. Un gran jugador tiene Racing”.
A propósito del Poroto Russo, actual coordinador en las juveniles de San Lorenzo, coincide en compartir palabras elogiosas en lo referido a la formación integral del joven mayense: “Más allá de su juego, demostró ser un chico respetuoso e inteligente. El comportamiento en la pensión fue impecable”. Y amplía la descripción con otro recuerdo: “Por la tarde, con las categorías más chicas, hacía un doble turno con trabajo de gimnasio junto al Profesor Gamaleri y trabajo de lo técnico conmigo o con algún otro entrenador de ese horario. Demostró el hambre de querer llegar. Ahora nos pone contentos en verlo debutar. Creo que estuvo a la altura, y se le vendrá una etapa de afianzamiento en Primera. Ojalá pueda seguir sumando minutos”.
“Tiene un poco de Toni Kroos… por ahí puede llegar a andar la comparación –expresa Luca Marcogiuseppe respecto a las características de juego de Tiago Banega–. Es el típico volante mixto que puede llegar a jugar por momentos de interno o de volante ofensivo, como también de contención o de doble cinco. Tiene esa versatilidad porque es un jugador tácticamente inteligente. Tiene capacidad de pase, capacidad para asociar. Tiene gambeta, buena pegada y gol. Hizo lindos goles en las inferiores”.
“Siempre con esos jugadores se tiene expectativas de que llegue a Primera –manifiesta Alejandro Russo,de vasto conocimiento en el mundo de las inferiores–. Sabemos que en un club como Racing no es fácil, pero apenas llegó le veíamos futuro. Era un jugador diferente. Parecía mayor a la edad de Quinta, porque ese rodaje en el Torneo Federal lo hacía más completo, con buen juego, panorama; era bueno en las fricciones, en el uno contra uno. Muy inteligente tácticamente. Se adaptaba para jugar de volante central o de interno. Además, manejaba bien los perfiles, los espacios y tenía llegada al gol. Enseguida demostró que podía adaptarse a jugar en un club grande como Racing, y rápidamente fue titular en la categoría”.

Las ganas del pibe Banega en la cancha del Bicho

Noche de enero en San Juan. Tiago Banega ingresa al inicio del segundo tiempo con la serenidad que lo caracteriza en el encuentro amistoso entre Racing y Athletico Paranaense. Los hinchas de la Academia elogian el repertorio de ese joven de cuerpo delgado, cabeza rapada y casaca número 35 en su espalda. Sobre el final ejecuta un disparo que pega en el poste. La igualdad 2 a 2 lleva la definición a la tanda de penales, y el ex jugador del Depro se encarga del noveno lanzamiento. En Primero de Mayo sus familiares tiemblan como una hoja. La madre de Tiago no le tiene tanta confianza, pues recuerda un penal que tiró en el Depro y casi mata a un pájaro que volaba cerca de la cancha. Pero Banega está convencido: con calma mira el arco, mira a la pelota, patea al medio con altura y convierte el que sería el último penal en el triunfo académico. Aprieta el puño, siente una fuerte satisfacción. Saca chapa en su partido bautismal.
Racing comienza el 2020 enfrentando a Atlético Tucumán en la continuidad de la Superliga. Sebastián Beccacece sorprende a todos con la alineación titular: saca al chileno Marcelo Díaz y pone a Tiago Banega como mediocampista interior, a la derecha, en un esquema 4-3-3. El resultado 1 a 1 apenas se convierte en una anécdota para ese pibe que inició el año como sparring en la pretemporada del plantel superior y culminó el primer mes del año como titular en la Superliga de Primera División. Su familia vive un domingo de emociones en el Cilindro. En el Bar de la Gallina (a unos 330 kilómetros de Avellaneda), en esa esquina de Primero de Mayo que se aprecia cuando el semáforo está en rojo, se escucha varias veces al grito unísono “¡Vamos Tiaguito, carajo!”.