En una jornada cargada de emoción, los chicos de 4° grado prometieron lealtad a la patria frente a sus héroes de Malvinas, mientras la ciudad despidió con honores a su bandera de flameo en un ritual que conmovió a toda la comunidad.
El viento frío del invierno entrerriano pareció detenerse por unas horas en la Avenida Malarín. La Plazoleta de la Bandera de San Salvador no fue solo el escenario de un acto protocolar este 20 de junio de 2026; se transformó en el living de una gran familia que se reunió para mirarse a los ojos, recordar quiénes somos y conmoverse hasta las lágrimas. Ante un imponente marco de público, la comunidad entera se fundió en un solo abrazo bajo el amparo de la enseña nacional.
El aire ya venía impregnado de una mística especial. Este año, la Bandera de la Ciudad de San Salvador cumplía sus bodas de plata: 25 años de una identidad compartida. Y el destino, o el profundo respeto de un pueblo, quiso que esa tarde fuera portada por los Ex Combatientes de Malvinas. Ver a esos hombres, custodios eternos del patriotismo, sosteniendo el paño local, fue el primer gran nudo en la garganta de los presentes.
La voz de la inocencia y el eco de los héroes
Tras los acordes del Himno Nacional y la Marcha de Entre Ríos, y luego de una profunda invocación religiosa a cargo del señor Oscar Loskin, en representación de la Sinagoga Torá Moshé, el ambiente se preparó para el momento más tierno de la jornada.
A continuación, el Director de Educación y Desarrollo Local, Sr Jonathan Isla, brindó palabras alusivas a la fecha.
La Promesa de Lealtad de los alumnos de 4° grado de las escuelas no fue una simple repetición de palabras. Hubo una justicia poética en el aire: el encargado de tomarles el juramento fue el veterano de guerra Ramón De León. Cuando las voces infantiles de doce instituciones educativas rompieron el silencio con un «¡Sí, prometo!» unánime, el aplauso cerrado de los padres y abuelos selló un pacto de amor que cruzó a dos generaciones unidas por el mismo suelo.
El fuego del respeto: un adiós con honores a la bandera que nos cuidó
Sin dudas, el momento de mayor recogimiento y misticismo de la tarde ocurrió durante la Ceremonia de Desnaturalización de la Bandera de Flameo en desuso. Aquel paño que durante tanto tiempo resistió el sol, la lluvia y los vientos entrerrianos en lo alto del mástil, bajó para ser despedido como se despide a un viejo guardián.
En un silencio sepulcral, el Presidente Municipal y el Subjefe Departamental de Policía retiraron la bandera de su vitrina y la colocaron sobre la mesa. Allí, acompañados por autoridades educativas y un representante de cada escuela, se llevó a cabo el delicado ritual: desarmar el emblema por sus costuras originales, separando las franjas celestes y blancas, y retirando con extremo cuidado el Sol de Mayo para evitar que la tela fuera desechada como un residuo común.
Fueron los propios estudiantes quienes, trasladaron los paños hacia la pira ceremonial. Ver el humo ascender hacia el cielo de San Salvador, mientras la tela se consumía en una incineración protocolar cargada de respeto, fue una postal que caló hondo en el alma de los vecinos. Tras el fuego, llegó el papel: autoridades, docentes y ciudadanos estamparon su firma en el acta oficial, un testimonio escrito de que el respeto por nuestros símbolos sigue vivo.
Arte, raíces y un chocolate para entibiar el alma
La emoción mutó en alegría y orgullo a través del arte. Los chicos de 4° grado de la Escuela N.º 1 «José María Texier» enternecieron a todos interpretando la canción «Señor Tiempo».
El broche de oro estuvo a cargo de los estudiantes de 6° año de la Modalidad Arte de la Escuela Secundaria Nº 4 «Bicentenario de la Patria» quienes, junto a la profesora Tati Velázquez, regalaron un viaje hermoso por nuestras raíces a través de la milonga, el carnavalito, la chacarera, la zamba y, por supuesto, el chamamé.
Al finalizar, mientras las banderas de ceremonia se retiraban bajo el aplauso, la desconcentración se dio de la manera más argentina posible: compartiendo un chocolate caliente. Así, San Salvador cumplió con la patria, renovó sus votos y demostró que la memoria y el respeto caminan de la mano de sus hijos más jóvenes.








