En plena pandemia “La misión en Cuba transformó mi vida para siempre”, relató una joven misionera

Leonela Moreyra estuvo, hasta fines de enero del 2021, realizando una experiencia de Misión Ad Gentes en La Habana (Cuba) con la Obra Puntos Corazón. Ella es entrerriana, oriunda de Concordia, perteneciente a la comunidad parroquial Ntra. Sra. del Carmen, de Villa Adela.
Con sólo 28 años, acaba de arribar tras 14 meses de misión en plena pandemia; experiencia signo que describe cómo aquella trasformó su vida para siempre. “Jesús, a través de Cuba, me desarmo y me volvió a armar (…) me fue moldando y puliendo como él quería (…) Me cambio la mirada del hermano, le dio una nueva identidad a la misión, me dio un corazón de carne, una nueva identidad de hija”, afirmó.

En el contexto de pandemia, Leonela, al igual que otras cuatro chicas (dos argentinas, una rumana y otra polaca), con quienes formó la comunidad de Puntos Corazón en La Habana, vieron resignificada su experiencia de misión Ad Gentes. La Obra Punto Corazón tiene por pilares: la oración, la vida en comunidad y los apostolados. Si bien, los dos primeros aspectos no se alteraron en esencia; los apostolados si, y no pudieron continuarlos durante la pandemia ya estaban involucradas personas de riesgo.

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Según explicó Leonela, durante un tiempo previo a las medidas sanitarias, pudo desarrollar la tarea pastoral que le fue encomendada. Compartió junto a personas con discapacidades severas que estaban en un hogar; también junto adultos mayores en una residencia a cargo de las Carmelitas Misioneras; y, por último, el juego con niños de uno de los barrios más pobres cercanos a la casa donde habitaba. También tomaban contacto con los vecinos del barrio a quienes desde la Obra Piuento Corazón se les llama amigos.

La cancelación de los apostolados debido a la cuestión sanitaria, lejos de paralizarlas promovió en las jóvenes el espíritu de presencia, acompañamiento, diálogo y escucha. “La misión paso por llamar todos los días a las personas para acompañarlos, para darles ánimo, para ofrecernos a realizarles las compras entre otros servicios”, explicó.
Por otra parte, Leonela sosotuvo que durante el tiempo de pandemia la misión la vivieron al estilo de Santa Teresita del Niños Jesús -patrona de las misiones- porque se centraron en lo verdaderamente importante que es Jesús Eucaristía, de vivir en la intimidad con él; y también en sintonía con San Francisco Javier -el otro Patrono de las misiones- porque salían al auxilio de mucha gente que les pedían ayuda en medio del aislamiento.
“Para mí fue un tiempo muy fecundo (…) donde poder mirarme adentro y vivir en la intimidad con Jesús. De sentirme amada y de poder amarlo. Estuvo bueno dejarnos sorprender por él, abrirnos a la novedad. Gracias a Cuba recupere la capacidad de asombro, ningún día fue igual a otro, lo cotidiano se volvió mágico”, advirtió.

 

Arde corazón misionero

Desde su etapa de adolescente Leonela está vincula a la IAM Infancia y Adolescencia Misionera, una Obra Pontificia con carisma misionero. Desde allí se fue preparando su corazón para un destino aún desconocido por ella pero ya incluido en los designios de Dios.
Según cuenta, en una Escuela para Animadores Misioneros de la IAM conoció la Obra de Puntos Corazón. Allí escuchó el testimonio de Belén Bel, recién llegada de su experiencia de Misión Ad Gentes en Perú. Leonela quedó impactada por el testimonio pero no sintió entonces el llamado. Estaba terminando la secundaria y decidió estudiar el Profesorado de Maestra Especial.
Transcurrido un tiempo, y luego de un proceso de formación y el acompañamiento espiritual del Padre Roberto Percara; Leonela con 21 años decide navegar mar adentro e indagar sobre el querer de Dios en su vida. “Necesitaba saber para qué me había pensado, cuál era su sueño para mi vida”, explicó.
No obstante, al momento de hablar sobre el instante en que Jesús tocó su corazón y ella comprendió y respondió al llamado, Leonela sustuvo que se dio luego de una misión de animadores de la IAM realizada en el año 2012 en El Soberbio (Misiones). “Me había encontrado con Jesús, había tocado su carne, en los niños, jóvenes, adultos y ancianos. Jesús estaba allí encarnado y fue él quien salió a mi encuentro”, aseguró.
Entonces, decidió realizar una breve experiencia con las Hermanas Misioneras de la Caridad para discernir si era de Dios la consagración de su vida, y pronto sintió en el corazón que “el Señor me llamaba a amarlo y servirlo más allá de las fronteras. Sentía que me pedía que lave sus pies y heridas en los hermanos más pobres y necesitados de su misericordia”.
Fue allí que Leonela volvió a tomar contacto con la Obra Puntos Corazón y transitó un tiempo de preparación durante el 2018-2019 que incluyó varios fines de semanas de encuentros, donde ella y decenas de voluntarios más dispuestos a vivir esta experiencia compartieron charlas de formación, testimonios de misioneros, momentos de oración y contemplación; además crecer en la vida comunitaria.
Después de la formación de verano con Puntos Corazón, envió una carta a la Obra donde expresó su deseo de vivir una misión, expuso sus motivos y el tiempo que ofrecía para esa experiencia. Tan sólo un mes después recibió la confirmación y dos destinos posibles que ella podía elegir: Chile o Cuba. Según explicó Leonela, “lo puse en oración para que no sea una decisión solamente mía, sino un soplo del espíritu además de hablarlo con mi guía espiritual; fue entonces que decidí que mi destino sería Cuba”.
Leonela partió desde Concordia el 26 de noviembre del 2019, aunque su envío misionero lo realizó previamente Monseñor Luis Collazuol en presencia de toda la comunidad diocesana, reunida en Federación en ocasión de la Fiesta Patronal Diocesana el 8 de septiembre. Su misión concluyó el 26 de enero de este año. Fuente: diocesisconcordia.org.ar