El entrerriano que recorre ciudades exóticas y quedó varado por la pandemia

Varado en Africa

El odontólogo Martín Davico, nacido hace 42 años en la ciudad y radicado desde los 27 en Barcelona, se encontraba de viaje en India cuando estalló el Coronavirus. Actualmente se encuentra en  Kuala Lumpur, capital de Malasia en la casa de un amigo.

El profesional, entrevistado por ElDía contó cómo vive la pandemia en la capital Malaya. “Actualmente podría decir que no tengo domicilio fijo en ninguna parte. Llevaba una vida convencional hasta que decidí hacer un parate. He estado viajando en el último año y medio visitando países asiáticos. Antes del viaje estuve radicado en Barcelona, ciudad en la que viví doce años. Trabajé como odontólogo, mi profesión, cuyo título obtuve en la Universidad de Buenos Aires y que luego convalidé en la Universidad de Barcelona”.

¿Naciste en Gualeguaychú y hasta cuando viviste en la ciudad?

Nací en Gualeguaychú e hice el jardín, la primaria y la secundaria en la ENOVA (justo este año cumplimos 25 años de egresados). Mi familia vive entre Gualeguaychú y Pueblo Belgrano. En 1996, cuando terminé el colegio, me fui a estudiar a Buenos Aires. Ni bien terminé la carrera me fui a vivir España. Vivir en Catalunya fue una gran experiencia. Es mi segunda casa.

¿Dónde te encontró la pandemia?

Cuando empezó lo de la pandemia yo viajaba por la India. Estaba en el estado de Goa cuando empezaron a llegar noticias del virus. Luego me fui a Kerala, el estado que está en el sur del país sobre el Mar de Arabia. En Kerala estaba en Alleppey, en una playa en donde había pocos extranjeros. Cuando la cosa se puso fea en Europa me empecé a inquietar. En la calle los niños de India pasaban en bicicleta y me gritaban “¡Coronavirus!”. Ahí me sonaron las alarmas. Me imagine que si se desataba una ola de contagios en India, sería un desastre. En India, cuyo territorio es un 15% más grande que Argentina, viven 1200 millones de personas. Hay mucho hacinamiento, suciedad y pobreza.

Un día vino la policía al hostal en donde me alojaba y tomó nota de quiénes éramos los que parábamos ahí. Cuando el dueño del hostal me dijo que en las próximas dos semanas, por orden del gobierno, los extranjeros debíamos permanecer dentro de nuestras habitaciones, decidí irme del país. Tengo un amigo que vive en Kuala Lumpur, la capital de Malasia, y me dijo que me tome un vuelo y que me podía quedar en su casa. En las terminales de colectivos de India había controles policiales, querían saber si tenía algún síntoma y sobre todo saber si era español o italiano. Fue curioso ver como los turistas europeos empezaron a cargar con una especie de estigma por ser potenciales portadores del virus.

¿Dónde estás ahora?

Ahora estoy en Kuala Lumpur. Llegué el 17 de marzo, un día antes de que empiece la cuarentena en Malasia. Estoy en un barrio que se llama Mont Kiara, una zona residencial bastante privilegiada en donde viven muchos occidentales. Malasia ha tenido un número relativamente bajo de contagios. Hace unas dos semanas el gobierno flexibilizó la cuarentena, pero han empezado a subir otra vez el número de contagios. Actualmente en cada lugar público al que entrás, tiendas, bares o supermercados, te toman la temperatura, registran tu nombre y tu número de teléfono. En los taxis pueden ir sólo dos pasajeros. Y en los restaurantes se ha reducido a la mitad el número de personas que se pueden sentar en una mesa.

¿En caso de poder salir de Malasia a dónde irías?

Ya tengo un pasaje para viajar a Barcelona a mediados de junio. Al llegar tengo que hacer una cuarentena de dos semanas. Después mi idea es ir para Argentina, pero hasta septiembre no se puede viajar.

¿Qué pensás de esta pandemia?

No creo que nada vuelva a ser como antes, porque entre otras cosas el mundo entero se ha empobrecido. Tal vez esta pandemia sea necesaria para que paremos un poco la mano, venimos depredando la naturaleza impunemente, y los que van a pagar la cuenta de todo este abuso serán nuestros hijos y nietos. Creo que es una gran oportunidad para reinventarnos como individuos y como sociedad. Nos vendieron el cuento de que llenándonos de cosas íbamos a ser más felices. Es verdad que somos solidarios y generosos, pero también es cierto que somos individualistas y egoístas. Ojalá y evolucionemos hacia una conciencia superior a la que tenemos actualmente. Para eso tendremos que cuestionar nuestra manera de actuar, nuestros valores y redefinir prioridades. Fabián Miró

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